LA VELOCIDAD DEL TIEMPO

Haz el siguiente ejercicio. Pregunta a la persona más mayor que conozcas sobre la sensación de la velocidad del tiempo en la actualidad comparada con la de su época pasada. Lo más probable es que te responda que el tiempo le pasa hoy en día mucho más rápido que en el pasado. Y probablemente, sin necesidad de preguntar a nadie, tú también sientas que el tiempo se ha ido acelerando desde la infancia hasta la actualidad. Sin embargo, nadie pondría en duda que los relojes avanzan exactamente a la misma velocidad, así que por descarte, la respuesta se encuentra en la percepción de nuestras mentes. 

 

Cada día que pasa, hay más actividades, más productos o servicios que consumir, más cosas que probar, más posibilidades de hacer más amigos, más entretenimiento, más información, más anuncios y por encima de todo una tecnología que nos conecta a todas estas cosas en tiempo real y desde cualquier lugar. De manera que nuestra mente recibe una cantidad de impactos que la mantienen prácticamente la mayor parte del tiempo distraída, desde que nos levantamos hasta que nos vamos a dormir. Estamos constantemente jugando a un videojuego muy divertido y que vicia mucho en el que no pulsamos el pause en ningún momento, hasta tal punto que perdemos el sentido el tiempo y de la propia vida. Pasan muchas cosas, pero saben a poco. La vida nos pasa paralelamente por detrás mientras estamos distraídos prestando atención a lo que creemos que es la vida.

 

¿Conocéis el síndrome de la rana hervida? Nosotros somos la rana. Se nos acelera la vida poco a poco pero no nos darnos cuenta de lo que nos está pasando y de hecho nos provoca un cierto placer cada vez tener más impactos y actividades, nos hace sentir como que “estamos aprovechando el tiempo y viviendo la vida al límite”. Tanto es así que la ausencia de todos estos impactos o actividades nos provoca un cierto síndrome de abstinencia de una droga en el que nos sentimos aburridos, y ese sentimiento de aburriendo nos genera un nerviosismo y una cierta ansiedad ya sea por el “estoy perdiendo el tiempo” o el “miedo a perderse algo”. 

 

Normalmente despertamos de esta realidad cuando nos hemos hervido, que vendría a ser cuando nuestra mente ha petado por sobredosis. Y entonces nos damos cuenta que no sabemos ni de qué va la vida ni de quien somos. Y bueno, como mínimo contribuimos a mantener el trabajo a los psicólogos e incluso a la industria farmacéutica. 

 

Asumámoslo, no tenemos tiempo para hacerlo todo en la vida. No tenemos tiempo para tener y mantener correctamente decenas de relaciones de amistad. No tenemos tiempo para disfrutar del uso de cosas que no necesitamos. 

 

Aprendamos primero a estar solos, en silencio y en plena naturaleza, sin distracciones. Y luego tomemos tiempo para reflexionar, escribir y conocernos. Entonces, escojamos mejor cómo invertimos el poco tiempo que tenemos en la vida. Y ese tiempo que invirtamos en cualquier cosa, disfrutémoslo sin prisa, centrando nuestra plena atención, sin otras distracciones. Al final, para interiorizar una vivencia se requiere de una reflexión consciente de lo que está siendo o ha sido la propia vivencia. Y para ello, necesitamos destinarle tiempo de calidad y estar presentes plenamente.

 

Texto: J. Kulume

Ilustración: Cé Marina (cemarina.com) 

 

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