El Sentido de la Vida

El ser humano lleva miles de años intentando responder a esta pregunta y, sin embargo, sigue sin haber un acuerdo. 

Nuestra existencia y todo lo que nos ocurre es la improbabilidad de lo improbable. Si queremos pensar que por ese motivo somos importantes, y que seguro que tenemos un fin existencial mayor en el universo, fantástico. Pero no olvidemos que somos una minúscula burbuja dentro de un espacio infinito (que no somos capaces ni de concebirlo) y que en cualquier instante podemos desaparecer por fuerzas mayores que no podemos controlar. Y si eso ocurriera, nada ni nadie llorará o echará de menos nuestra desaparición. Lo más probable es que en el universo todo siga igual. 

Somos seres débiles que nos hemos montado nuestra propia película sobre lo importantes que somos para no sentir el vacío existencial.

Podremos crear los mitos que queramos para llenar ese vacío, pero eso no quita de que la realidad es que en términos universales la vida no tiene sentido. Y no debería darnos miedo reconocerlo. Más bien, deberíamos dar las gracias a que la vida no tiene sentido en sí misma. Gracias a eso, cada uno puede darle el sentido que desee a su vida. Cada uno puede crear su propio mito y cambiarlo cuando desee. Y eso hace que la vida sea mágica y con infinitas posibilidades. 

No sabemos cómo ni por qué, pero hemos aparecido en un juego con el poder de la consciencia sobre nosotros mismos. Si supiéramos o pudiéramos llegar a responder estas dos preguntas, entonces nuestra existencia se limitaría esas respuestas y por lo tanto, nuestras posibilidades en el juego se limitarían a ello.

Por este motivo, en vez de cavar nuestra propia tumba, deberíamos centrarnos más en comprender cuál es nuestra realidad y las posibilidades del juego, para descubrir lo que a uno le hace feliz y jugar en esa dirección. Aceptar que descubrir el cómo y el por qué universalmente verdadero no hará más que limitarnos y entra en un autodeterminismo, debería aliviarnos y centrarnos en disfrutar del juego lo máximo que podamos. Y, esa misma aceptación, nos da el poder de concebir infinitas posibilidades dentro del juego, en otras palabras, de darle nosotros el sentido que queramos darle.

Así que, doy gracias a ello, porque he aparecido en un juego hermoso y maravilloso en el que por el hecho de no saber el porqué ni el cómo he aparecido aquí, puedo darle el sentido que yo quiera y explorar las posibilidades que quiera. Y precisamente esto es lo que hace que la vida sea mágica. 

Los que buscan cómo locos fuera de sí mismos la respuesta del sentido de la vida, que se pregunten simplemente, ¿qué harían si obtuvieran esa respuesta?, ¿deberían ser fieles y aplicar ese sentido que descubran sea cuál sea? ¿O podrían cuestionarlo o estar en desacuerdo? ¿Y si no les gusta? ¿Y si no les hace felices? Si pueden cuestionarlo y por lo tanto, decidir si lo aceptan o no, ¿sería entonces este el sentido verdadero de la vida? Y, si no pudieran cuestionarlo y tuvieran que sucumbir al mismo, ¿serían acaso diferentes a un esclavo?

Así que la pregunta no debería ser ¿qué sentido tiene mi vida?, si no más bien, ¿qué sentido quiero darle a mi vida? Para eso no hace falta buscar fuera, la respuesta está dentro de uno mismo.

 

Texto escrito por: J. Kulume

Ilustración por: J.Kulume

No Comments

Post A Comment